Tapatíos de Trivia

El Informador. Guadalajara, Jalisco. Ser tapatío implica saberes. Saberes que no se enseñan en ninguna universidad, escuela o instituto de capacitación, son cosas que se aprenden en las calles, las cantinas y los cafés, como que las pitayas son de mayo y las jacarandas de cuaresma; que las jícamas se pueden comprar por metro o que la famosa frase “lo que no se puede, no se puede y además es imposible” no es, como creen algunos, de Séneca el padre del estoicismo, ni del torero cordobés Rafael Guerra, “Guerrita”, como sostienen los españoles, sino del “Jamaicón” Villegas.

Ser tapatío no implica, pues, haber nacido en Guadalajara, eso en el fondo es lo de menos, sino adoptar ciertas formas, ritmos, hablares y sostener ciertas creencias, como que el Degollado es un buen teatro, que la Catedral de Guadalajara es bonita, que el verdadero futbol se juega como lo juega el Atlas (aunque gane) y que el clima perfecto es el de Guadalajara, con excepción claro, del día en curso que hace un calor como de Tecomán, que llovió como nunca, o que hace un frío que no es normal.

Tedium Vitae, un grupo de tapatíos de café, publicó un libro colectivo llamado “Triviario Tapatío” en el que recogen anécdotas y excentricidades de Guadalajara desde su fundación hasta finalizado el siglo XX. No se trata de un tratado de bien pensantía tapatía ni de una historia formal o enciclopédica de esta noble y leal ciudad, sino de una serie de anécdotas, historias, mitos, relatos y una cantidad inconmensurable de datos inútiles sobre esta tierra, que de alguna manera prefiguran el cómo somos, sin pretender encasillar lo que es y lo que no es ser tapatapa.

En este libro uno se puede enterar, por ejemplo, de datos extraños sobre nuestros héroes que dieron calles. Como que Mariano Otero escribió que “el pueblo mexicano es un pueblo afeminado y una raza degenerada que no ha sabido gobernarse ni defenderse”. Claro, esto lo escribió cuando tenía 25 años, y en los siguiente ocho debió haber hecho grandes cosas porque murió a los 33 y se ganó un avenidota con estatua y todo. O que Manuel Acuña de tan célebre arroyo vehicular, era un poeta de Saltillo, que además de romántico era cursi y mandilón; o que Prisciliano Sánchez, el primer gobernador de este Estado murió de una grave enfermedad: se le infectó un padrastro (vulgo pellejo) de un dedo y después de 24 días peló; o que Manuel López Cotilla, el de la calle de los bares, las casas de cambio y las tiendas eléctricas, era un gran defensor de los derechos humanos, y que gracias a su intervención se le prohibió a las monjas aplicar, como medida disciplinaria, “varios azotes” a los estudiantes. A partir de la gestión política de don Manuel sólo se permitieron dos azotes por día por alumno.

“Triviario Tapatío” es un libro muy recomendable e imprescindible en cualquier biblioteca tapatía, aunque en las casas de Guadalajara no haya biblioteca sino “el cuarto de  los libros”.

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