A manera de presentación

Por: 
-

Esta pretende ser una revista de ensayo y reseña de libros. Su intención es doble. Por un lado dar lugar a investigadores y escritores locales a publicar los textos que por su extensión y pretensión no suelen tener lugar en nuestros periódicos o nuestras revistas de cultura, y que por lo tanto permanecen más o menos inéditos y fuera del alcance de sus lectores potenciales. Su segunda intención es traer al lector tapatío ensayos y reseñas de escritores extranjeros, que de otra manera sólo podrían encontrar en revistas como The Atlantic Monthly, The New York Review of Books, The London Review of Books, The Prospect...

 

Solo tres creencias compartimos quienes la cometemos. La primera es una fe obsesiva en la sintaxis de la claridad, de lo concreto. Nos gustan las ideas, pero más nos gustan cuando van acompañadas de datos, hechos, ejemplos. Preferimos la escritura en minúsculas y mejor aún si está alejada de la jerga académica. Los latinoamericanos propendemos a la grandilocuencia. A nosotros nos gustaría encontrar textos escritos en la tonalidad menor del small talk.

 

Si nuestra primera ortodoxia tiene que ver con la forma o el estilo de las colaboraciones, la segunda tiene que ver con los temas a abordar. Intentaremos publicar ensayos, debates, entrevistas, reseñas, más cercanos con la verdad (ciencias sociales, biológicas, físicas, filosofía, etc.) que con el divertimento literario. Es decir, el lector debería encontrar aquí más textos de no-ficción que literarios.

 

Nuestra última profesión de fe es menos precisa. Al tiempo convulsionado, el de los apremios de la sobrevivencia y las compulsiones de la abundancia (Gabriel Zaid dixit), nos gustaría oponer los valores apacibles de la simplicidad y la introspección. Ante la hegemonía de la imagen, fomentada por la cultura visual de las webpage y los mass media (que como en antaño no se dejan leer si no tienen monitos), y en una época que ha hecho dignas de admiración e imitación las reacciones exaltadas y traducciones pre-racionales del adolescente, no es extraño que la lectura, que demanda introspección al lector, y sustentación y profundidad al escritor, se halle en peligro de extinción. Esta revista infinitesimal no quiere ser sino una molécula en contra de esa tendencia. Si el lector no comparte nuestros gustos, nos complacería al menos proveerle de sutiles instrumentos de tortura.

 

Un último comentario. Cualquier apología del tedio debería comenzar por intuir y reconocer que tras la corriente del tiempo acecha el hastío. Nos ocupamos y preocupamos por el temor a quedarnos quietos. La inacción, nuestro estado natural, es, paradójicamente, un estado contra natura. De todas las criaturas sólo el hombre es incapaz de soportar la monotonía. El hombre se agita, se mueve, porque huye del tormento de la inmovilidad, del vacío de la autocontemplación, del horror vacui. La exaltación, claramente un signo oprobioso de nuestra época, es quizás la forma más rústica de esta evasión. Pero como todo lo que trata de evitarse tarde o temprano termina por precipitarse, luego del frenesí de la acción, el hombre acaba por sucumbir al marasmo, al sopor, al entumecimiento. Inexorablemente se topa con el tedio de la vida. Las reacciones varían según los temperamentos. Algunos, más etéreos, más nerviosos, más metafísicos, hallan entonces la acidia, el ennui, el spleen, y se abandonan –sin consideración alguna para los demás– al pathos artístico. Otros, más sensatos y civiles, más benignos, encuentran simplemente el aburrimiento, el bostezo y, con un poco de suerte, un sillón mullido y un libro de Jared Diamond, Ernst Mayr... Esta revista quisiera estar en manos de cualquiera de ellos. A cambio de su indulgencia acaso podamos aspirar a ofrecerles, a la manera del ideario de Lichtenberg, nuevas vistas a través de viejos agujeros.

 

Publicado en la Revista: